¿Alguna vez te has inscrito a un curso de inglés y abandonado en un mes?
Si la respuesta fue un rotundo si, no te sientas sólo, habemos muchos que lo hemos experimentado,
cuando nos dejamos convencer por publicidad del tipo “método natural” o el clásico “método 100%
conversacional”, y un mes después, no ver resultados, abandonando nuestro proyecto, sintiéndonos más decepcionados que al principio y pensar “el inglés es imposible”. Siéntete reconfortado al saber que no estás sólo. Sin embargo, ¿hay alguna explicación a esto?
Empoderamiento del estudiante.
Parte de la explicación del presente fenómeno es la falta de seguridad que el docente debería dar al estudiante al dar sus primeros pasos en el estudio del idioma. Es frustrante sentirse totalmente perdido y ver cómo la clase avanza, sin ti.¿Y qué tipo de seguridad podría brindar un docente a quien desea hablar el idioma?
Comprender para producir
¿Cómo poder realizar algo si jamás has visto, recibido instrucciones o referencias? Ciertamente no es imposible, pero lleva mucho tiempo, ensayo-error y golpes, muchos golpes, y si esto fuese así, entonces para qué enseñanza, sino para aprovechar lo que ya se sabe y se puede transmitir fácilmente, por qué desperdiciar conocimiento valioso, estrategias y procesos que han sidos diseñados a través del tiempo para mejorar las prácticas humanas, y si bien es la experiencia es la que nos llevará a perfeccionar una habilidad, será la guía, instrucción e imitación la que nos dará las bases sólidas para saber cómo realizar alguna actividad. Es aquí donde la labor del docente, las estrategías de enseñanza-aprendizaje y la metodología toman parte fundamental y esencial en el dominio de una nueva habilidad como lo es el hablar. Y qué mejor forma de empezar que tomando como referencia lo que ya sabemos, nuestra lengua madre
Todas las lenguas tienen el mismo origen.

Partamos del hecho que todas las lenguas, sean romances, nórdicas ó sajonas, todas las lenguas tienen las mismas reglas, bases gramáticas e incluso tiempos lingüísticos y no es casualidad, puesto que existió una lengua origen conocida como el indo-europeo, de donde provendrán el latín, el griego, y posteriormente las lenguas modernas.
Lengua madre.
Una vez comprendido que todas las lenguas, llámense español, francés, inglés e incluso el alemán comparten el mismo origen y reglas gramaticales, la pregunta es… ¿Por qué no usarlo en nuestro beneficio? Si estás leyendo esto, es prueba de tu dominio ya de una lengua, de la cual eres un experto, pues sabes perfectamente cómo expresar deseos, experiencias pasadas o hablar de planes a futuro, y con esto, tienes ya un gran camino recorrido en la comprensión de conjugaciones, sujetos, pronombres y tiempos verbales, que implica conocer en parte cualquier otra lengua, un 50% de habilidades, destrezas y conocimientos que tienes en automático gracias a tu lengua madre, y que te aventaja en el descubrimiento de una segunda o tercera lengua. La única pregunta que queda por contestar es cómo.
La clave es . . . homologación.

Si ya tenemos los cimientos, por qué no comenzar la construcción de nuestra nueva casa lingüística, estás de acuerdo que tenerlo sin aprovecharlo es un desperdicio, y tal vez te preguntes en éste momento ¿así de fácil? Si, así. La clave es recurrir a las bases que nos ha proporcionado nuestra lengua madre, tomar las reglas, la estructura y la morfología, entender cómo funciona en tu lengua y posterior, aplicarlo a la nueva lengua estudiada. Te habrás dado cuenta que en tu gran experiencia estudiando inglés (o intentos) muchas palabras incluso se parecen a alguna palabra en español (arrive, study, copy, etc.)
Si logramos entender cómo funciona y relacionarlo con la nueva lengua, habremos logrado vincular, replicar y homologar, generando una red lingüística en doble sentido que enriquece ambas lenguas, comenzando a ver las lenguas desde una perspectiva diferente, sencilla e incluso divertida, pues entre más nos adentramos en esta práctica, observamos que es más fácil cada vez e incluso aprender una tercera. Y esta es la labor del docente, ser capaz de demostrar estas conexiones existentes entre todos los idiomas, guiando al estudiante a dar pasos seguros, dándole confianza, recordándole conocimientos que ya posee, que le es significativo y que puede manejar para llevarlo a aplicar en otro contexto, muy similar, haciéndolo sentir empoderado y que hablar una segunda lengua es pan comido.
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